The Demon of agony


Apartado especial para solos/monoroles.

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Una mujer de cabellera dorada se hallaba plácidamente recostada en una butaca frente a la chimenea, removiendo el fuego chispeante que enrojecía la palidez de su rostro y la cobijaba con sus ígneas y abrazadoras llamas. Sus dorados y feroces ojos se deleitaban con el danzar de las llamaradas, mientras imaginaba la dolorosa agonía que supondría ser calcinado en ellas hasta ser reducido en cenizas. La sola idea provocó que en sus labios una maliciosa y traviesa sonrisa se dibujara a la par que un placentero gemido brotaba de lo más profundo de su garganta. Sofocante y ardiente, un fuego cruel comenzaba a consumirla por dentro, deseando cometer los más viles y profanos actos.“Mmmmmph Qué delicia.Jamás había hecho algo parecido, siempre los había asesinado con el filo de sus garras y colmillos; pero, en aquella noche, tal espontánea fantasía, se convirtió en una necesidad alimentada por los primitivos impulsos de su perversa naturaleza con el vivo e indisoluble deseo de atormentar el espíritu de su inocente presa.“Vamos, ven a la cama.” Susurró una voz. Era un hombre. Un adinerado comerciante shurimano.No fue difícil arrastrarlo hacia su cautivador tejido de engaños y artimañas. Los viajes en altamar son tan largos como solitarios y la caricia de un amante siempre es bien recibida en tierra firme. ¿Y qué hombre podría negarse a los encantos de tan exquisita mujer? Era una beldad, portadora de una extraordinaria belleza, de movimientos gráciles y seductores, de cuervas bien proporcionadas. Él –en su ingenuidad y estupidez– creyó ser el hombre más afortunado de Runaterra por haber despertado el deseo en una mujer como ella.Si él tan sólo supiera que su fin estaba cerca . . .“ . . . ¿Por qué no lo hacemos aquí, frente a la chimenea? Es mucho más romántico ”El shurimano sonrió con picardía, mientras retiraba las pesadas pieles de su cuerpo, poniéndose de pie. Se acercó hasta la chimenea y tomó a la mujer entre sus brazos. Fascinado, observó la curvatura de su delicado cuello, su piel parecía tan suave como el terciopelo. Con la yema de sus dedos lo acarició. No pudo evitar la tentación. Ella rió con ligereza.“Por ti, haría cualquier cosa que me pidieras.” Una vez más, probó los dulces labios de aquella misteriosa dama. Evelynn correspondió al beso como sólo ella era capaz de hacerlo.Sus párpados con suavidad cayeron, centrando todos sus sentidos en aquella vehemente unión. Su lengua encontró a su homóloga en un ferviente danzar, en una lucha lasciva lucha por el dominio de la boca ajena. Más pronto que tarde, de su labio inferior fiel devota sería pues entre los propios los atraparía, succionándolos con brío al saberlos únicamente suyos, deseando absorber la codiciosa esencia del hombre.Las manos del shurimano, por su parte, se convirtieron en feroces garras que se deslizaban en un palpamiento lujurioso y desesperado por sentir a través de la tela de los ropajes las formas del exquisito y voluptuoso cuerpo femenino. Su diestra recorrió su cintura hasta sus caderas para llegar a sus glúteos con facilidad y deleitarse con su firme textura, así como la opuesta surcaba hacia los prominentes pechos, masajeando uno de ellos y jugueteando con el erecto pezón.“¡Oh, sí! No te detengas, cariño ♡ ” Ronroneó sobre sus labios la súcubo, mientras dejaba caer la bata de seda al suelo, descubriendo finalmente su cuerpo desnudo.Abrumado por la obscenidad y el deseo de tomarla allí mismo, el comerciante en un exasperado intento por hundirse en ella, la lanzó bruscamente al suelo –peligrosamente cerca de las llamas – para luego colarse entre sus piernas. Evelynn con alegría lo recibió. Envolvió las caderas masculinas entre sus torneadas y largas piernas, atrayéndolo a sí. De un enérgico empujón él se adentró en ella. Profundo se halló, en la estrecha, cálida e íntima cavidad que le daba la bienvenida. Con poderío sujetó las caderas femeninas para sostenerse firme y arremeter con fuerza en cada penetración. Sin embargo, antes de descender juntos al clímax, la hermosa mujer tomó las riendas y de un envión cambió las posiciones. Ahora, ella era quien domaba la situación.Tomó una de las manos del hombre y la alzó hasta que los dedos rozaron el crepitante fuego. Su amante gritó del dolor y en un irritado ademán, retiró la zona dañada. El Demonio de la Agonía se deleitó. Pero no estaba satisfecha, sólo había sido un mísero bocado de lo que su hambre voraz exigía.“¿Acaso estás loca?”“¿Acaso no lo disfrutas?” Las caderas de la mujer se contornearon, profundizando las estocadas. Un sonoro y obsceno gemido escapó de sus carnosos labios carmesís.“No. ¡Sal, maldita sea!” Colérico la empujó, quitándosela de encima.Sin embargo, Evelynn no lo dejaría ir. De los cabellos lo tomó y con una fuerza sobrenatural lo arrastró hacia el hogar. Las leñas quemadas y ardientes lo recibieron. Su piel chamuscada desprendía un hedor repugnante y vomitivo, pero los desgarradores gritos de dolor que atravesaban su garganta eran un bálsamo para su pérfida alma. Podía sentir como su pellejo se derretía, fundiéndose con la carne hasta escocerse en los huesos.
Alaridos de tormento y suplicio retumban por las paredes.
“¡Oh, sí! ¡Sí! ¡Grita para mí!” Dulce, impúdica y espectral se oyó su voz.Nadie vendría por su auxilio. Nadie lo escucharía. Nadie sabría que había muerto allí hasta quizás pasados unos meses, incluso años.“¿Lo estás disfrutando tanto como yo, cariño ~ ?” Preguntó con enfermizo placer. La bella mujer de cabello rubio había desaparecido, ahora la figura de un demonio se alzaba, las sombras la cubrían. Sus ojos completamente dorados brillaban al son de los chillidos y las llamas. Todavía no era suficiente. Necesitaba más. Mucho más.Deseaba sentir el placer que sólo el dolor puede concebir, delirante y ferviente. Ese que es capaz de ofuscar hasta la mente más sensata.Uno de sus azotadores acarició la espalda de su amante que aún se retorcía como una serpiente a la que le habían arrancado la cabeza. Depravada sonrió, quizás él sí sería capaz de complacerla, de transportarla hacia las tempestuosas aguas del éxtasis . . .Rauda, despellejó la espalda de su víctima, arrancando la piel de un tirón. Un estridente chirrido agónico perforó sus oídos, mientras la sangre corría a borbotones por la alfombra y salpicaba su delicado rostro. Embelesada, degustó la sangre, tan cálida y espesa como la recodaba.Evelynn apretó con fuerza, hundiendo aún más el rostro del hombre en las ardientes brasas, pues él todavía poseía la energía suficiente o la estúpida esperanza para tratar zafarse de su agresor. Sólo era producto de la adrenalina y a la abrumadora sensación de pánico que significaba no poder huir en tanto su cabeza era calcinada. La súcubo podía imaginar lo que pasaba por su mente, podía sentir cómo su cuerpo convulsiona bajo su agarre y los últimos espasmos, mientras la vida se le escapaba.Oh, pero aún . . . aún podía infligir más dolor. Observó la carne viva de la espalda shurimana. Observó los músculos contraerse y dilatarse. Observó las articulaciones, los nervios, las venas y las arterías desprotegidas, desamparadas. Pero, sobre todo, observó con placer macabro su columna vertebral. Una risita divertida retumbó por las paredes. En un sádico arrebato, extrajo la espina dorsal de su amante. Y por fin, por fin llegó al orgasmo que tanto había deseado. Gimió y gritó al unísono con el doloroso lamento del comerciante.Él, por el rabillo del ojo, antes de exhalar su último suspiro, pudo contemplar el monstruo siniestro y abominable que era aquella criatura.

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Art by Jordan Eagles

El enérgico galope de los caballos poco a poco fue cesando el ritmo hasta convertirse en suaves y cautas pisadas. Los animales emitieron un agudo relinchido que ensordeció a sus jinetes. Ellos, al igual que las bestias, contemplaron horrorizados la escena. No existían palabras para describir lo que sus ojos veían.Ríos de sangre se esparcían sobre la tierra, tiñéndola de rojo. Las moscas revoloteaban sobre los cadáveres desmembrados de lo que parecía ser una pequeña comitiva. El carruaje tirado a un lado de la carretera se hallaba, azotado por el terror.“¿Qué sucedió aquí?” Preguntó el más joven de los jinetes. Su mirada repasó nuevamente el trágico panorama. Los miembros cercenados se encontraban esparcidos por el suelo sin piedad alguna. Sea lo que haya sucedido allí, fue el infierno en vida para aquellas pobres almas inocentes.“No lo sé.” Respondió su compañero. Era un hombre entrado en años, con un rostro curtido por el paso del tiempo, pero con una juventud viva ardiendo en sus ojos.“Revisa el carruaje, Royce. Yo revisaré los cadáveres a ver si hay algo que nos pueda servir para reconocerlos. Las familias de estas personas deben darle sagrada sepultura.”El joven muchacho asintió y con un ligero golpecillo en los costados del caballo se adelantó. Una vez más, observó a su alrededor con horror. Ser testigo de aquella masacre revolvió su estómago y erizó los vellos de su nuca. Jamás, en sus veinticinco años de vida, había presenciado algo tan espantoso como aquello.El hombre, por otra parte, bajó de su montura mientras cubría su nariz con un pañuelo. El olor de la sangre coagulándose era insoportable, ni siquiera la perfumada tela podía hacer algo para ocultar el hedor.Paso tras paso, fue topándose con una carnicería humana. Trozos de carne por aquí y por allá. Manos y pies mutilados, falanges de dedos salpicados por doquier. Cabelleras arrancadas, lenguas extirpadas, costillas limpiamente extraídas una por una. Miraba, pero sus ojos no daban crédito a lo que veían. Era una escena virulenta proveniente de una siniestra pesadilla. ¿Qué criatura podría ser capaz de realizar tal encarnizada matanza? ¿Acaso se trataban de raptores? No, estaban demasiado lejos de los altos desfiladeros de Demacia. Aquel camino era uno seguro, uno que durante años transitó con su esposa e hija.No, no. Tenía que tratarse de una horrible coincidencia. Sí, eso debía ser. Las historias que había escuchado días atrás no podían ser ciertas. Hablaban de un monstruo que atacaba a los viajeros incautos.Alejó aquellos escalofriantes pensamientos de su mente con una ligera sacudida de su cabeza. Preocupado, prosiguió.Entre los restos de torsos con sus ropas hechas jirones trató de buscar alguna muestra, una pequeña cosa, que lo ayudara a identificar los cuerpos. Un sello comercial, la insignia de una casa, una carta. Algo. Pero nada halló. Ni siquiera las cabezas decapitadas eran de ayuda. Los rostros desfigurados eran irreconocibles. Sólo eran una masa sanguinolenta de carne y huesos rotos.“Habiendo terminado su vida terrena recíbelos en el paraíso, en donde ya no habrá tristeza ni dolor, sino únicamente felicidad y alegría.”Una breve plegaria les dedicó. Era lo menos que podía hacer por ellos. Ni siquiera estaba seguro ya de que una sepultura fuera posible. Reunir cada trozo, terminaría por resultar en un rompecabezas de carne mal hecho.“¡Señor Vayne! ¡Venga! ¡Encontré algo!” Gritó Royce. El hombre en su desesperación corrió hacia su acompañante. Y allí la vio.Era una jovencita, rubia y de unos ojos color ámbar que podrían desarmar hasta el más bravío de los guerreros. Estaba asustada, cual animal herido en un rincón del carruaje. Sus ropas, al igual que la de los cadáveres, se hallaban hecha jirones y sucia. Su rostro, manos y pies estaban manchados de sangre y barro. E incluso así, la belleza de sus delicadas facciones no la abandonaban.“¿Qué sucedió aquí? ¿Por qué estás viva?”“Y-yo . . . ¡Yo no lo sé! Estábamos viajando con mi padre y mis hermanos . . . sabíamos que no debíamos salir de noche pero mi padre insistió . . .” Sus palabras trastabillaban unas con otras en su exasperada explicación.Temblorosas, sus manos cubrieron su boca, ahogando un grito de lamento.“E-esa c-cosa nos atacó. Volteó el carruaje. Mi padre salió a ver que sucedía junto a mis hermanos mientras yo esperaba aquí.” Hizo una breve pausa. Con lágrimas en los ojos alzó la mirada hacia el hombre y el joven que lo acompañaba.“Y-yo no puede hacer nada . . . sólo escuchaba los gritos. Y las pesadas huellas de la criatura. Cuando se fue, salí a verlos. Estaban todos muertos . . . esperé, esperé a que volviera . . . y . . . ”
“Tranquilízate, ya estás a salvo.” Susurró con dulzura y compasión mientras acariciaba paternal el rostro de la joven.
“Royce, cárgala. La llevaremos con nosotros.”


“¿Ella nunca sonríe, verdad?” Preguntó con desasosiega angustia disimulada mientras contemplaba el gran retrato de la familia Vayne.La madera bellamente labrada en oro y entrecalles de marfil enmarcaban el lienzo con la exuberancia ornamental propia de la nobleza demaciana y la desmesura expresiva de sus trazos era la vívida imagen de una estirpe floreciente.El padre, con postura regia y sobria se hallaba de pie con la mirada fija, poseía el aspecto de un hombre mayor y fatigado, pero en sus ojos el destello de tiempos pasados aún brillaba. La esposa con porte vanidoso se situaba a un lado de él, desplegando ostentosamente un traje ceremonial. Su mirada era penetrante y sus labios insinuaban una sonrisa que, más que simpática, detonaba seguridad. Entre ellos, la figura de una adolescente se alzaba. Shauna. La había visto por primera vez hacía un par de semanas tras su llegada a la mansión Vayne. La excelsa pericia y destreza de la mano del pintor habían conseguido detallar a la perfección el temperamento de la joven. Reacio y amargado. Soporífero en una sola palabra.“No . . . jamás la he visto sonreír. Ni siquiera cuando era una bebé.” Respondió apesadumbrada y afligida la matriarca de la familia. Era una mujer atractiva, incluso cuando los incipientes cabellos blancos denunciaran el paso del tiempo y las arrugas alrededor de sus ojos y labios no perdonaran la juventud que alguna vez gozó.“Debe ser terrible para una madre no ver a su hijo sonreírle . . . aunque sea una vez.” Contestó Evelynn o Lynette como se hacía llamar ahora.“Ay . . . querida mía, no sabes lo que daría por verla sonreír, aunque sea una vez. Me haría la mujer más feliz del mundo.” La mujer se dio la vuelta, contempló a la muchacha a su lado y acunó su rostro entre sus manos.“Tú, muchacha, a pesar de la tragedia que has vivido, sonríes e iluminas todo a tu alrededor. Ojalá mi pequeña niña se atreviera a dibujar un sutil esbozo para complacer a una vieja nostálgica como yo. A su padre también lo haría feliz.”


Su estancia en la mansión Vayne fue tan provechosa como entretenida. Las semanas que allí pasó, las dedicó al entero estudio de la familia. Indagando en sus sueños y en lo más profundo de sus deseos. Shauna era hermética y difícil de descifrar a pesar de sus notables esfuerzos por acercarse a ella. Sus padres fueron fáciles de conquistar, Evelynn . . . Lynette, era una joven adorable de buenos modales y vasto conocimiento. Durante horas conversaron con la súcubo sin saber a lo que estaban destinados.Hablaron de su familia, de sus padres y hermanos. Del arduo trabajo de éste por criar a tres niños pequeños luego de quedar viudo y las peripecias que transitó hasta que la buena fortuna tocó su puerta, brindándole a él y a su familia una vida decente con los pocos lujos que podían permitirse. Los hijos varones aprendieron el oficio de su padre y ella, la pequeña luz de sus ojos, se dedicó a conocer el mundo a través de los libros y mapas. Aquel viaje, ese mismo que la horrida criatura arruinó con su sangrienta carnicería, era el primer viaje que realizaba y emocionada por eso se hallaba. La familia, en su infinita bondad, le ofreció hospedaje hasta que pudiera encontrar un lugar para vivir.Evelynn no podía caber en su felicidad. Los humanos con su extraordinario deseo por hacer el bien y ayudar al prójimo en momentos de necesidad, eran capaces de meterse en las fauces del lobo sin siquiera sospecharlo. Sólo bastaba una sublime actuación y una trágica historia para ganarse sus corazones.Pronto comprenderían que la piedad como símbolo de grandeza sólo podía traer consigo la siniestra fatalidad de la muerte.


Aquel día Shauna tenía un gran banquete fuera de la mansión y la oportunidad que tanto había esperado, por fin había llegado. Tendría a los vejestorios para su propio y macabro deleite. De tan sólo imaginar cómo teñiría las paredes de rojo, su cuerpo se estremeció en un placer macabro.El agobiante calor del verano la retenía en su habitación, odiaba aquel clima, más aún, odiaba la luz que los molestos rayos del sol irradiaban. Se había encargado personalmente que las cortinas de su cuarto fueran de terciopelo negro. De ese modo, la luz no se filtraría por las ventanas y cada rincón de la habitación quedaría sumido en la completa oscuridad. Los propietarios apenas comentaron tal extravagante pedido, después de todo era una invitada de honor y una muchacha muy educada y comedida.Allí, ensimismada con su lectura esperó hasta que cayera la noche. El ama de llaves llamó a la puerta y anunció que la cena ya se hallaba lista. Lynette, pronto se uniría a ellos. O más bien, su querida hija Shauna.Evelynn había reproducido a la perfección la apariencia de la heredera de los Vayne, incluso vestía sus ropas. Orgullosa de su excelente labor como cambia formas, bajó hacia el comedor.“¿Shauna? ¿Qué haces aquí tan pronto?” Preguntó la madre, desconcertada.“Tuve un pequeño mareo en el banquete . . . así que decidí volver cuanto antes a casa.”“¿Te sientes mejor?” Inquirió el padre. La falsa Shauna afirmó.
“Me alegra saberlo, por favor siéntate.” La muchacha asintió y rápidamente tomó su lugar en la mesa.
“Cordelia, puedes traer un plato para Lynette. No tardará en llegar.” Ordenó la madre.“No creo que sea necesario, papá. Antes de bajar, la busqué en su cuarto. Dijo que no tenía hambre.” Replicó, la embustera Shauna.“Vaya . . . hoy el mundo está al revés. Bueno, comencemos, esto se ve delicioso.” Terminó por decir el padre.La cena se desenvolvió con normalidad. Comieron, bebieron y conversaron. Incluso los padres de Shauna notaron lo animada que se encontraba su «hija» aquella noche. Les resultaba tan sorprendente como gratificante. Cuando el momento del postre llegó, Shauna, no Lynnete . . . es decir, Evelynn, se ofreció a servirlo. Cortó la tarta de limón con cuidado. Primero le sirvió al padre, luego a la madre. A ella, le dedicó una sonrisa. La primera sonrisa de su «hija». Los ojos de la mujer se abrieron cuales platos, asombrados por lo que veían, sin poder creerlo del todo. Su hija, su amada hija, le sonreía. La dicha de la mujer no podía ser mayor, su ensombrecida mirada por el paso del tiempo, ahora resplandecía de alegría.“Madre . . . ¿sucede algo?” Preguntó la impostora.“Shauna, mi niña . . . ¡Estás sonriendo! ¡Me has hecho la mujer más feliz de este mundo!” Con ternura, la madre acarició el rostro de quien creía que era su hija. El padre, desconcertado, se puso de pie, y al igual que su esposa, contempló con sorpresa ese esbozo risueño en el rostro de su pequeña. La felicidad no cabía en el pecho del hombre. Había pasado años deseando ver aquella sonrisa en el rostro de su hija. Era preciosa, deslumbrante.“¡Shauna! Mi amor, ¡estás sonriendo! Estoy tan feliz, hija mía . . . ” Él la abrazó, ella correspondió.Algo dentro del demonio ebullecía de la emoción, extasiándola hasta sumirla en un estado de completa efervescencia. Saboreaba ya el deleite del suplicio en que los sometería. El cuchillo que aún sostenía entre sus manos lo enterró en los hombros del padre. La madre la miró horrorizada.“¿¡Qué haces!?” Chilló la mujer.“Madre, quédate por favor.” Lanzó el cuerpo del hombre al suelo con una fuerza descomunal. Él aún confundido se hallaba y sólo se limitó a observar la escena mientras intentaba quitarse el puñal. Evelynn tomó otro cuchillo de la mesa y lo clavó en la palma de la mano de la señora Vayne.“¿¡Te has vuelto loca, Shauna!?”“¿Shauna? Por favor, ¿creen que soy la patética y aburrida de su hija? Ugh . . . No. Tampoco soy la dulce Lynette.”Respondió la súcubo con una voz espectral a la par que revelaba su verdadera forma. Una mujer de irreal belleza envuelta en sombras y un par de cuernos que coronaban su cabeza. De su espalda dos azotavides brotaban y en su punta una especie de guadaña se formaban. Tan afilados y letales como una. Uno de ellos atravesó el pecho de la mujer, el otro el torso del hombre. A ambos los cargó hasta la sala principal, dejando un río carmesí a su paso. El horror en sus rostros desfiguraba sus facciones. El padre luchaba por zafarse, la madre escupía sangre por la boca.Una sonrisa cruel se dibujó en los labios de Evelynn. Un brazo de la mujer arrancó de un tirón. El grito punzante que perforó sus oídos, la complació. El otro brazo desmembró. Una vez más, el grito de dolor la deleitó.“¿Por qué haces esto?” Logró balbucear la mujer en su agonía.“¿Por qué? Porque soy un monstruo. Uno precioso.” Despiadada, una carcajada emergió de lo más profundo de su garganta.Dejó caer a la mujer al suelo, retorciéndose de dolor. Su otra presa la esperaba.“¿Quién eres?” Balbuceó él.“Soy la jovencita que rescataste. Soy el demonio que acabó con esos estúpidos. El demonio al que le abriste las puertas de tu hogar y trataste como a una hija.”El señor Vayne no podía creerlo. No podía creer que aquella muchacha tan dulce y educada fuera la responsable de aquella carnicería humana.Cortó una de las piernas del hombre con su azotavide. Él chilló y sus garras clavó en la otra, enterrándose en su carne, desgarrándola a su paso, destrozando hasta los huesos. El dolor era agudo, persistente y prolongando. Cuando una de sus manos llegó al tobillo la separó bestialmente del resto de su cuerpo. La sangre a borbotones se desprendía de sus arterias y venas, manchando todo a su alrededor. Pero el hombre sólo podía pensar en una cosa:“¿Y Shauna? ¿Dónde está mi hija? ¡Respóndeme!”“Ugh . . . no grites, me irritas.” Y sin más, extirpó su lengua.“Tu adorada hija aún vive, pero no por mucho tiempo. Cuando ella vuelva de su estúpido banquete me encargaré personalmente de ella.” Un guiño divertido le obsequió.“Mmm . . . mírala, está asustada . . . debería terminar con su tormento, ¿no crees?”Hacia la mujer se acercó, la contempló por unos segundos antes de hundir el tacón de sombras en el centro de su cabeza, aplastando los huesos de su cráneo y el cerebro. El dolor, la angustia y el sufrimiento que tanto habían llenado su hambre voraz, se desvanecieron. Sin embargo, su otro aperitivo todavía vivía.“Bueno, querido, sólo quedamos tú y yo.”A él en un suplicio infernal lo sumió, absorbiendo cada instante su agónico calvario hasta que la vida abandonó su cuerpo. Fue allí, en ese preciso instante en que saboreaba los últimos resquicios de dolor, que Shauna interrumpió en el lugar y apreció su sangrienta obra. Los penetrantes ojos de Evelynn se clavaron cuales dagas en la última de los Vayne y sonrió. Sonrió con la inocencia de un niño, sonrió con el sadismo de un asesino, sonrió con la dulzura de una amante, sonrió con la frialdad de un gobernante y entre las sombras se evaporó.Shauna era una flor marchita. No había felicidad en su alma. No había deleite en ello.

𝑸𝑼𝑬 𝑺𝑬 𝑯𝑨𝑮𝑨 𝑳𝑨 𝑨𝑮𝑶𝑵𝑰𝑨

Abrió un ojo. O lo que creía que era un ojo y veía. Veía a su alrededor y no hallaba nada porque no había nada que buscar. Era un lugar vacío y solitario. Oscuro. Perdido en un tiempo y espacio desconocido. Incluso, en su pereza y aburrimiento se preguntaba el dónde se encontraba. Siempre se lo había preguntado, así cómo siempre se había preguntado qué era aquella voz que oía dentro de suyo y que se había convertido en su única compañía por quien sabe cuántos milenios.La primera vez que despertó allí —hacía tanto tiempo que ya no lograba recordarlo con exactitud— sólo halló soledad alimentada por una extraña sensación de perversión, corrupción, depravación y malignidad que, aunque no supiera el concepto, sabía de lo que se trataba con tan sólo respirar el ambiente. Temía que aquel veneno destruyera su diminuto cuerpo. Uno que había conseguido hacía unos instantes atrás y que no deseaba perder. No deseaba desaparecer.En su memoria, recordaba la huida a profundos rincones buscando cobijo. La toxicidad siempre terminaba por alcanzarle y filtrarse en su anatomía. Al principio le asustaba, pensaba que moriría ante la agonía, pero luego . . . luego caía en un éxtasis indescriptible que le brindaba sustento. Su cuerpo ya no era pequeño, había crecido y siguió creciendo hasta convertirse en una masa negra y amorfa que vagaba de aquí por allá, persiguiendo desesperadamente —cual parásito buscando al huésped perfecto— el alimento que engatusaba sus sentidos y que nunca encontraba. Con frustración, tuvo que conformarse con aquel poco dolor que se deslizaba por los recovecos de su mundo.Sin embargo, nunca era suficiente. Jamás sería suficiente.Por mucho tiempo, deambuló por aquellos lóbregos y gélidos parajes. En ocasiones, se escabullía, como un animalillo asustadizo, en las grietas del suelo cuando la presencia de otros seres amenazaba con destruir su propia existencia. Allí permanecía hasta que el peligro ya no era más que una mala experiencia del pasado.Un día todo aquello cambiaría, su visión sería otra. Por fin había despertado de su letargo. Sentía. Sentía como jamás creyó poder hacerlo. Su espíritu se abrigaba de ánimo, vivacidad y entusiasmado que desconocía. Cautivado por las nuevas sensaciones que recorrían su cuerpo y en su euforia comprendió que jamás estuvo viva, sólo existió por la inercia de continuar con quién sabe qué propósito. Mas, allí . . . allí descubrió el motivo de su despertar: el absorber el delicioso y macabro sabor de la agonía.La agonía de aquellas criaturas que veía del otro lado de su mundo. Era otra realidad, otras tierras.Era curioso, parecían enfrentarse unos con otros, traicionándose entre sí, matándose entre sí. Otorgándole aquello que añoraba.¿Fueron meses los que transcurrieron de su nueva vida y de las imágenes que se proyectaban ante sus ojos? No podía asegurarlo.Mas, ahora . . . en aquel solitario y vacío lugar algo diferente se gestaba en lo más profundo y se arrastraba por todas partes como lava ardiente, cubriéndolo todo a su paso. El miedo, la desesperación, el dolor, la agonía, el odio, la tristeza, el desprecio, la ira, el arrepentimiento, la obsesión, el delirio, la avaricia, el frenesí, la indiferencia, la apatía, abarrotaron la atmósfera y envolvieron todo el lugar en un angustiante calvario.Por primera vez, en un mucho tiempo, sintió terror. Creyó que moriría, que explotaría y dejaría de existir. Pero, no fue así. Bebió todo el dolor, toda la agonía de aquel mundo en ruinas con glotonería, con desmesurado placer.Un tercer renacer. Una tercera oportunidad. Un tercer cuerpo y consciencia. Un nuevo ser. Un demonio.El Demonio de la Agonía.

𝑳𝑨 𝑪𝑨𝑹𝑵𝑰𝑪𝑬𝑹𝑨 𝑫𝑬 𝑵𝑶𝑿𝑼𝑺.

Los rítmicos golpeteos de los tacones contra el suelo resonaron por los largos e interminables pasillos de las mazmorras noxianas. Un dulce y seductor anuncio del inexorable tormento a los que serían sometidos. Los vitoreos, los silbidos, las palabras obscenas ya no eran su bienvenida. Ahora, un profundo silencio, acompañado de susurros quebrados, oraciones desesperadas y espasmos musculares que vaticinaban el dolor, aguardaban en aquellas frías y húmedas paredes.¿Qué tan inocentes y estúpidos debieron ser para pensar que ella sería una refinada meretriz puesta allí para su propio placer?
Pero, ¿qué otra cosa haría allí una mujer como ella? Era una preciosidad. Una de esas que sólo tienes el privilegio de ver una sola vez en la vida.
Las delicadas y suaves facciones de su rostro perfilan una belleza inusual, cuya mirada oscila entre la inocencia caprichosa y la perversa malicia de un demonio. Sus dorados y felinos ojos, voraces. Hambrientos de una cruel glotonería que ellos, consumidos por el deseo, confundían con la lascivia de la lujuria.¿Qué tan ridículos debieron verse cuando todos sus deseos sexuales se desmoronaron en un abrir y cerrar de ojos cuando ella comenzó a cortar y desmembrar?¿Qué tan idiotas debieron ser para pensar que ella sería benevolente sólo por tratarse de una mujer?Oh . . . sus caras . . . sus caras eran un delicioso manjar al descubrir el brutal sadismo con el que ella ejecutaba a sus víctimas, atormentándolos hasta el último suspiro.Tan ingenuos fueron.Mas, ahora, ahora conocían la sanguinaria verdad. Ella no era una cortesana, no era prostituta puesta allí para otorgarles consuelo, era un verdugo. Una maldita carnicera, cuyo único deleite radicaba en causar dolor.Los pasos finalmente se detuvieron frente a la celda. Los guardias abrieron las puertas. Ella entró.En cuanto la vieron, los ojos del pobre desdichado comenzaron a lagrimear por la asfixiante sensación de pánico y peligro que su cuerpo maltratado albergaba. Un grito quedó atrapado en su garganta, mientras luchaba inútilmente por liberarse de las pesadas cadenas de hierro.“Ow, ¿no puedes gritar, cielo? Quizás te arranqué la lengua demasiado pronto . . . ”El hombre la miró, y, por un instante, el miedo sofocante que había sentido momentos atrás desapareció, para tornarse en rabia contenida.¿Qué más quería de él? Ya había hablado, ya lo había confesado todo, ¿por qué aún no lo libraban de aquel siniestro suplicio? ¿Por qué? ¿Por qué tenía que continuar respirando?Las lágrimas se habían acumulado en sus ojos sin apartar la mirada de aquel monstruo con forma de mujer. Lágrimas que caían cual torrente por sus mejillas, lastimando la ya lacerada piel.Quería gritarle ¡BASTA!Quería suplicarle que terminara con su vida.¡MATAME! ¡MATAME, POR FAVOR!Pero ella jamás oiría sus palabras. Y aunque las oyera, no estaba en su naturaleza perdonar.“Ya . . . no me veas con esos ojos de cachorrito asustado. No he sido tan mala, ¿verdad?”Una ligera risilla de burlona escapó de sus labios. Quizás lo había sido un poco.Había estado experimentando con él nuevos métodos y herramientas. Había comenzado a clavar varillas afiladas de bambú bajo las uñas hasta dañar el tejido. Continuó retirándolas una a una, tanto de manos y pies. Por los días siguientes, prolongó su calvario. Emprendió un retorcido juego de cortes y mutilaciones. Primero, fueron pequeñas y superficiales cortaduras, tan sólo rasgando la piel. Luego, se convirtieron en profundas heridas a carne viva que hoy se encontraban infectadas, mientras las nauseabundas larvas se hacían de un festín con los doloridos y podridos músculos.La pérdida de todas las falanges fue lo siguiente, cercenadas de un solo tirón. Ello debió augurar que ella no se trataba de una mujer común y corriente a pesar de su frágil apariencia física.Recordaba haberle peguntado quién era, pero ella jamás respondió a esa pregunta. Tan sólo curvó sus labios en una tétrica sonrisa, antes de amputar sus orejas y nariz. Lo había desfigurado por completo. Incluso había logrado que los guardias le colocaran en una camilla de hierro mientras las brasas bajo la misma calentaban el metal a rojo vivo, quemando su espalda por completo hasta que las blancas vértebras quedaron expuestas y su cuerpo carbonizado convulsionaba por el dolor.¿Cómo? ¿Cómo algo tan hermoso podía ser horriblemente cruel? ¿Cómo una belleza así podía cometer tal sadismo sin una pizca de remordimiento? ¿Por qué continuaba con todo aquello? Ya había confesado cuando le vació una de las cuencas de sus ojos.Incluso así el Demonio de la Agonía no había terminado. Aún tenía mucho por donde lastimar y novedosas ideas que implementar. Pues, no era la confesión lo que ella buscaba, al menos no para sus propios fines. Su real propósito era alimentarse de su suplicio. Y él, bueno, había durado más que la mayoría. No se perdería la oportunidad de llevarlo hasta el límite.Mas, Evelynn solía tomarse su tiempo. Aprendió a hacerlo.A veces, no visitaba la celda por semanas. Esperaba a que se recuperara de sus heridas para continuar. Ese era el caso.“Debo admitir que te extrañé todas estas semanas "Seductora, moviendo con cadencia sus caderas se acercó a él, besando sus agrietados y secos labios. Siempre gustaba de brindarles un poco de cariño previo al sufrimiento.Todos, sin excepción, parecían añorar sus besos, sus caricias y los obscenos gemidos que emitía cada vez que sus víctimas experimentaban el más insondable de los martirios. Parecía un embriagador canto de sirenas en un mar de tormento.En el centro, una mesa aguardaba. Sobre ella un sinfín de instrumentos. Pinzas, tijeras, cuchillos, picos, látigos, máscaras con pinchos en su interior, garrotes y su favorito, el aplastacabezas. Sin embargo, el mayor instrumento de tortura era el demonio. Incluso así, para aquel día, Evelynn tenía otros planes.Dejó caer su roja capa de terciopelo, mostrando los desnudos hombros y un rebosante pecho acentuando gracias al fino corsé. Él no tardó en devorarla con la mirada, era tan hermosa que difícilmente era capaz de apartar la mirada a pesar de la tortura que por semanas le infligió. Por una noche con ella era capaz de olvidarlo todo, de perdonarlo todo.“¿Te gusta lo que ves?” Preguntó la súcubo, seductora. “¿Deseas ver más?” Él asintió. Ella sonrió.Pronto, el corsé que ceñía su pequeña cintura también cayó. El revelador vestido pronto se le unió. Por fin la veía completamente desnuda. Era una preciosidad. Una pequeña y delicada muñequita que escondía un sádico secreto. Su rubio y largo cabello rubio cubría ligeramente sus suaves y generosos senos. ¡Ah! Cómo deseaba frotar su rostro entre ellos, aspirar ese dulce aroma de su piel. Cuánto deseaba jugar con esos dos erectos pezones. En su mente, ya había hecho suya en más de una forma. Pero, Evelynn sólo brindaba aquel erótico espectáculo cuando su presa se encontraba en el punto más bajo de su desesperación. Ellos necesitaban algo de felicidad y ella sabía muy bien cómo brindársela. Después de todo, el tamaño de su dolor era proporcional al de su felicidad. Ella les otorgaría el máximo placer.“Oh, ya estás duro . . . tan adorable ”La pequeña y cálida mano acobijó entre sus dedos la erección del hombre. Lo acarició con ternura, mientras ligeros y lascivos gemidos escapan de esos carnosos labios color carmín. Él no podía emitir sonido a falta de su lengua, pero aun así se las ingeniaba para producir una especie de ronco ronroneo. Las caricias descendieron por su miembro, jugando con sus testículos hasta ascender nuevamente por la punta. Estimuló el glande hasta que un líquido traslucido brotó de él. Fue allí que Evelynn comenzó a masturbarlo verdaderamente hasta verlo dejarse llevar por el placer de la carne, tocar las puertas del cielo con la yema de dedos antes de volver rápidamente a la realidad con un punzante dolor entre sus piernas. No era semen lo que caía entre ellas, era sangre. Con horror observó la falta de su virilidad y con mayor consternación contempló a la mujer con su miembro amputado entre sus manos y cómo lo desechaba al suelo con desprecio, como si no fuera más que basura.“Mmm . . . creo que ya no sirve.”Dijo con un fingido tono de lástima e inocencia. La actuada aflicción poco duró, una torcida sonrisa perversa se dibujó en sus labios. Todavía tenía mucho por hacer. Pero antes, debía responder a las preguntas del prisionero. Esas que le había hecho hace tanto tiempo.El cuerpo de la mujer poco a poco se tornó violáceo, con pequeños tintes rosáceos. Las delicadas manos, ya no eran tiernas, eran afiladas garras como dagas. Su cabello ya no era largo y rubio. Era corto y de un color lavanda con un fuego fatuo magenta flameando por encima.“Me preguntaste que soy. Esta es mi respuesta.” O una parte. Una vez más, el cuerpo femenino se transformó. Ahora tenía cuernos, ojos que brillaban en la oscuridad y una sonrisa terroríficamente tétrica. Parecía un demonio.Sin mediar palabras, Evelynn se abalanzó sobre el encadenado hombre y con fuerza brutal desmembró sus brazos de un tirón. Con sus garras descuartizó el torso, los órganos cayendo al suelo mientras él convulsionaba del dolor, sin poder hacer absolutamente nada. Ni siquiera tenía fuerzas para llorar, sólo quería que todo aquello acabara. Pero ella seguía cortando, desgarrando, arrancando trozos de carne con placer macabro y con el éxtasis de la gratificación sexual.Finalmente, él murió. Ella sació su apetito. Al menos por aquel día.